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lunes, 3 de octubre de 2011

Sin sentido, ilógico

Busco sonrisas dónde no las hay, busco besos sin respuesta. Busco y busco sin parar y cuando encuentro, se me olvida la razón de mi búsqueda. Propósitos, deseos, metas, retos, sueños, objetivos, aspiraciones, ambiciones. Complicaciones. Tres caminos diferentes, tres estaciones de tren, nada escrito. O un camino o otro, o un tren o otro. No hay más. Tú decides, tú eliges. Caminas, hacia delante, a veces te paras y miras hacia atrás pero continuas tu camino. No hay vuelta atrás, es todo recto hacia delante. Coge aire, tú puedes hacerlo. A mitad de tu destino hay un atajo. Lo coges, era una trampa. Fin del trayecto.

Ese es el trato

Jesús:
Hagamos un trato, tú me llevas el desayuno a la cama, no digo una vez ¡eh! Digo todos los días de mi vida. Tú cuidas de los niños, y por supuesto, tú te ocupas de la casa, pones la lavadora, limpias los cristales de todas las habitaciones, friegas, haces la cama, planchas, limpias el polvo… Lo de hacer la comida, ya se verá, pero eso sí, ¡tú bañas al perro!
A cambio, no te pido nada, solamente… Qué estés conmigo.

Caminante, no hay camino

Busco una manera de seguir adelante y cuando voy a emprender mi camino, éste se separa en dos direcciones. Elijo un camino, al principio parece el correcto, pero cómo suele pasar, ese camino no lleva a ninguna parte. Así que retrocedo. Pero ya no hay manera de salir, sólo existe una única opción: seguir adelante. Saltar, rodear y evitar los obstáculos. Caminar deprisa y buscar una salida. Cuando crees estar llegando a la meta, al final del camino, encuentras una pequeña salida, un atajo, por así llamarlo. Sin pensarlo, huyes, huyes dejando atrás todos los obstáculos, pero también dejando atrás el premio, el premio por haberlos superado. ¿Has ganado? Sinceramente, algún día espero que encuentres otro camino por el que seguir, otro camino que empezar, y otros obstáculos que superar. Y espero, que esa vez, no te rindas al llegar al final, espero que sigas adelante, esforzándote como ya lo hiciste al principio. Llega al final, descubre lo que te espera, y luego, si quieres, me lo cuentas. 

sábado, 10 de septiembre de 2011

¿Cuánto duran los besos?

No duran mucho, la verdad, no un sólo beso claro. Los besos duran lo que la persona los desea, y claro, cuanto más deseas besar esos labios, más cortos se te hacen pero a la vez más largos, porque hace que pierdas la noción del tiempo. No se como explicar esa sensación de que el mundo a tu alrededor se para, y que no hay nada más que él y yo. No puedo saber lo que duran los besos en realidad, porque ni me da tiempo a contar los segundos o minutos o horas, ni me doy cuenta de que el tiempo está transcurriendo. El mundo se para y dejo de respirar. Sólo siento sus labios húmedos contra los míos. Su lengua rozando la mía, suave pero a la vez intensa. Y cuando se acaba, repites, porque lo necesitas. Es un vicio incontrolable, tú lo eres.

lunes, 8 de agosto de 2011

No quiero final

Amor, no tengo ni idea de qué decirte, pero me pasaría la vida contándote historias, historias inventadas, reales, con finales bonitos y con finales malos, un millón de historias. Lo nuestro también es una historia, con sus ratos alegres y sus ratos tristes. Pero, ¿sabes lo bonito de nuestra historia? Que no tiene final. Que seguimos tan enamorados como el primer día, incluso más. Porque cada día que pasamos juntos, un trocito de mí se va quedando contigo. No te podría contar nuestra historia, porque en realidad no tiene principio. No se cuál fue el momento en el que te empece a querer. Te podría contar la historia de nuestro primer beso, de nuestra primera llamada de teléfono, nuestro primer san Valentín, pero no te podría contar el día que empezaste a hacerme feliz, porque no lo recuerdo. Te contaría mil y una historias de amor, pero ninguna sobrepasaría a la nuestra. En ninguna habría tantas sonrisas, ni tanto amor. Prometo prometerte que algún día encontraré un principio a nuestra historia, pero ya te prometo que no la contaré jamás, porque para contarla, necesita un final.
Te amo, amor.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Tentación, dulce tentación

Contigo es diferente, raro, extraño. Contigo son sonrisas y caricias, besos y miradas. Contigo es especial. Tú, tú y tú. Mi mejor sonrisa. Mi beso preferido, los labios más dulces. Las miradas más intensas. Tú, mi droga, mi adicción. Tú, mi amor, mi locura, mi preciosa locura. La más temida, la más odiada, amar, amarte, amarnos. Dulce, muy dulce. Tus labios y mi cuello, tu cuello y mis labios, perfecta coordinación. Cómplices miradas, tímidas sonrisas. Amor, amor, amor. Fuera de mí. Segura, insegura. Atrevida. Sensual. Como si supiera todo pero a la vez nada. Explorando, dejándome llevar. Buscando y encontrando. Amando, amándote. Saltarme las reglas, las barreras. Lanzada, decidida. Como si de repente hubiera crecido y madurado, como si fuera una mujer. Suspiros. Jadeos. Más, más, más. Sonrisas sin sentido. Felicidad absoluta. Encuentro sus ojos, que no apartan su mirada de mí, sus manos que siguen explorando, suspiro. No hay consecuencias, ahora no. Bésame, ámame. No me sueltes nunca, no me dejes caer. Sólo hazme caer una vez más en la tentación. No pares.

jueves, 21 de julio de 2011

Tu amor

No fue exactamente pasión, tampoco se podría llamar locura, simplemente ocurrió. En el amor se suelen hacer esas cosas, se suelen hacer cosas sin pensar en las consecuencias, sólo porque en ese momento te sientes bien y a gusto, crees que nadie puede romper el hechizo de ese momento, sólo piensas en la persona que está junto a ti, en disfrutar, y en que esa persona también disfrute. Olvidáis todo, y ni si quiera pensáis en lo que está ocurriendo, en lo que estáis haciendo. Te dejas llevar. Experimentas. Sientes su cuerpo, el roce de sus labios y sobre todo, el sonido de su boca cerca de tu oído, y te encanta. Quieres más, desearías que ese momento no terminase nunca, crees que todo eso está ocurriendo sólo en tu cabeza, pero de repente, ocurre algo en ti, sientes algo que nunca habías sentido. Le sientes, contigo, en ti. No creo que fuera placer, nunca he comprendido del todo lo que sentí, ni si quiera sé si me gusto. Sólo recuerdo la felicidad, el recuerdo de su cuerpo jadeante junto a mí, las palabras que se escapaban de sus labios, y la sonrisa que apareció en mi cara como por arte de magia. Repetiría aquella tarde hasta que me aburriese, y entonces volvería a imaginar otra, inventaría otra más dónde volver a sentir su cuerpo, su amor.