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lunes, 3 de octubre de 2011

Caminante, no hay camino

Busco una manera de seguir adelante y cuando voy a emprender mi camino, éste se separa en dos direcciones. Elijo un camino, al principio parece el correcto, pero cómo suele pasar, ese camino no lleva a ninguna parte. Así que retrocedo. Pero ya no hay manera de salir, sólo existe una única opción: seguir adelante. Saltar, rodear y evitar los obstáculos. Caminar deprisa y buscar una salida. Cuando crees estar llegando a la meta, al final del camino, encuentras una pequeña salida, un atajo, por así llamarlo. Sin pensarlo, huyes, huyes dejando atrás todos los obstáculos, pero también dejando atrás el premio, el premio por haberlos superado. ¿Has ganado? Sinceramente, algún día espero que encuentres otro camino por el que seguir, otro camino que empezar, y otros obstáculos que superar. Y espero, que esa vez, no te rindas al llegar al final, espero que sigas adelante, esforzándote como ya lo hiciste al principio. Llega al final, descubre lo que te espera, y luego, si quieres, me lo cuentas. 

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