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sábado, 29 de octubre de 2011

Como la vida misma

No sé si soy yo la extraña en un mar de cuerdos. No sé si es la vida que va muy deprisa o yo muy despacio. No vale de nada arrepentirse si lo hecho, hecho está, pero yo lo seguiré haciendo. Sé todo lo que gano y pierdo con cada movimiento, y aún así no sé elegir el correcto. No voy a creer en alguien que no soy, porque yo admito mis errores y acepto las consecuencias. Mi para siempre sigue teniendo una definición muy corta, y mi nunca una demasiado poco creíble. Mi vida, como una gran mentira, como un cúmulo de engaños en mi contra. Mi vida, tan poco controlable como la vida misma. No creo en el destino, la suerte, o el amor. No me fío de nada ni nadie, ni si quiera de mi. La vida da muchas vueltas, sí, pero yo no hago más que dar vueltas en círculos sin encontrar una salida. Y es que en realidad el amor no sirve de nada, claro, pasas un tiempo como si estuvieras en una nube y después te caes desde allí sin paracaídas. Te das contra el suelo y tardas en volver a levantar, y encima te levantas para que vuelva a pasar lo mismo. Todo es un ciclo constante, subes, caes y te levantas. Yo todavía me estoy cayendo y ya me siento morir. Ahora mismo, no creo que merezca la pena volver a levantar.

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