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¿Sabes lo que me gustaría hacer en este preciso instante? Estar contigo. Simplemente eso. Ni besarte, ni abrazarte, ni hablar contigo, ni hacer el amor... Únicamente me apetece estar contigo. Tumbarme junto a ti e ir contando todas y cada una de las gotitas que al caer, se van posando en el cristal de nuestra ventana. Porque claro está, que ya puestos a pedir, sería nuestra ventana, de nuestra bonita habitación, de nuestra preciosa casa, de mi gran sueño a tu lado. Me encantaría poder observarte a la luz de dos o tres velas y después compartir un juego de sábanas en una misma cama. Robarte sueños y esperanzas, y para terminar, caer rendida en tus brazos. Y tú, instintivamente, que me beses, que me beses como si no hubiera mañana. Con uno de esos besos que sólo tú me sabes dar, esos que hacen que me transporte a lugares inimaginables. ¿Y después? Pues después nada más, solamente rogarte que ocurra eso todos los días que restan a nuestras vidas, ya sea con tormenta o sin tormenta. Y si no quieres tormenta, no importa, me valen olas de calor, ventiscas, nevadas, y hasta huracanes. Todo sea por estar contigo.
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