La vida no ha sido creada para entenderla, sino para vivirla. Soy una persona soñadora, y todo lo que pienso, me gusta, o importa, lo acabo escribiendo. A veces pienso que una sola persona no puede hacer nada en el mundo, pero yo me he propuesto llegar a ser alguien en la vida, ya sea escribiendo o defendiendo mis razones y las de los demás. Y ya que ahora tengo la posibilidad de escribir, y enseñar lo que escribo, lo voy a intentar.
miércoles, 11 de julio de 2012
Pequeñas reflexiones
Ya sé que las personas van y vienen, y que pocos amigos de verdad se quedan. Sé que dentro de unos años no nos acordaremos de experiencias únicas e irrepetibles, ni de gente que ha formado parte de nuestro día a día durante años. Algunos recuerdos permanecerán para siempre, pero serán una cantidad excesivamente pequeña. Nos olvidaremos hasta de nuestro primer supuesto amor, de nuestro grupo favorito de música de la infancia y de ese profesor al que tanto odiábamos porque según nosotros, nos tenía manía. Poco a poco no recordaremos nuestras clases de primaria, y finalmente olvidaremos hasta las de secundaria. No nos acordaremos de ese compañero que hacía las gracias en todas y cada una de las clases, ni de esa compañera tonta y pija que le daba más importancia a ir bien vestida que a los estudios. Olvidaremos como acabó todo y aun intentando recordar todos estos pequeños detalles, estos pequeños momentos y hechos que han formado nuestra vida, olvidaremos más, porque simplemente no viviremos lo que nos toca. No nos dejaremos llevar sin miedo al futuro. Temeremos volvernos a enamorar por no querer sufrir las consecuencias o creer en la amistad por no querer conocer de nuevo lo que es la traición. Pero es inevitable. El amor y la amistad son sentimientos inevitables. Ocurren porque sí y no puedes encontrar una razón lógica y aunque intentes pararlos, buscarles las cosquillas, no lo consigues. Yo lo creo así, creo que el amor es algo fuerte, incluso más que la amistad, aunque no por mucho. Por amor se hacen tonterías, locuras, que puede que si recodaremos para siempre. Y cuando el amor es de verdad y además correspondido, es el sentimiento que más feliz te puede hacer. Mucho más que la droga, el alcohol o incluso el sexo. Es algo extraordinario. Algo que te llena por completo, que te hace sentir como si no fueras de este planeta pero a la vez acabaras de descubrir tu sitio en el mundo. Te hace creer en imposibles, en sueños irrealizables. Descubres que todo eso que te contaban los cuentos de princesas cuando eras pequeña, se puede hacer realidad. Esos besos mágicos que convertían a ranas en príncipes no eran de mentira y en verdad son mucho más perfectos. Esos finales felices existen, con algunos altibajos, pero existen. Y sobre todo, también existe el príncipe. Ese príncipe azul, que en esta época ya puede ser de cualquier color ya que sigue siendo perfecto, existe. Y te hace volar aunque no sea con grandes bodas, ni bonitos y caros regalos, ni carruajes llevados por caballos, ni grandes palacios. Son príncipes perfectos. Al menos el mío. Y me hace sentir como una verdadera princesa aunque en realidad no lo sea. Todas y cada una de las sonrisas que él me saca, son casi soñadas. Todos los momentos que me hace pasar a su lado, son imborrables, y al final, eso es lo que cuenta ¿no? Que nuestra historia no se borre y que permanezca para siempre. Que vayamos no despacio, sino a nuestro ritmo y que decidamos juntos por donde caminar. Que no olvidemos lo que somos y a la vez intentemos ser mejores. Que no desperdiciemos el tiempo que estemos juntos, porque quién sabe cuándo se puede terminar. Que creamos en el destino y soñemos con la perfección. Y que nunca olvidemos lo más importante, que nos queremos, tanto como es posible.
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